“El delito de activar políticamente por la emancipación de los trabajadores”

Fernando_Aiziczon

 

 

 

 

 

 


Por Fernando Aiziczon*

  • La reincidencia de un olvido (o el homenaje ausente)

Algo del orden del abandono (y de la sobreactuación) sobrevoló la conmemoración de los 40 años del Cordobazo en la mismísima Córdoba, durante el año 2009. Sorprendido por la carnavalesca grilla de actividades auspiciada por autoridades municipales, provinciales y universitarias, me preguntaba: bajo esta fiebre memoriosa ¿alguien conmemorará, luego, los 40 años del Viborazo? En efecto, nada, o casi nada de eso ocurrió luego. Ningún recuerdo. Por el contrario, entre homenajes de todo tipo y color (placas recordatorias, entrega de certificados (¿?), mesas debate, exposiciones fotográficas, etc.), todo tipo de funcionario (académico, estatal) y peor aún, de burócrata sindical, se sumó a los festejo por los 40 años del  Cordobazo: al entonces kirchnerista Hugo Moyano lo acompañó el elenco estable de la entonces CGT Córdoba, liderada por Juan Leyría (Luz y Fuerza), Carmen Nebreda (UEPC) y Augusto Varas (UOM) y la CGT Chacabuco, de Omar Dragún (Smata), es decir, un pelotón de burócratas sindicales aspirantes ya al parlamento local (Nebreda), ya a puestos ministeriales (Dragún) o simplemente a seguir batiendo récords de permanencia en el cargo, que en la Córdoba de las Campanas ya superó según un informe periodístico el techo de los 20 años promedio.

En los homenajes realizados todos hablaron de la omnipresente figura de Tosco, de las luchas populares, de la democracia lograda, de los avances del gobierno actual, o de lo que “falta por hacer”…, pero, como bien muestra en inolvidables imágenes el documental “Memoria para reincidentes” la figura de Tosco no se agotó en el Cordobazo sino que fue crucial en los debates estratégicos posteriores incluso al olvidado Viborazo.

Es que la polémica en torno a la, digamos, ecuménica imagen construida sobre Tosco referida a sus posiciones y alianzas políticas (con el sector “legalista” de Atilio López, o su afinidad con la línea política del PC), sobre los alcances de su declarado “marxismo”, o sobre las formas maniqueas bajo las cuales su indiscutible combatividad fue readaptada al clima de época actual, indica que la facilidad con la que aquel es reivindicable hoy por cualquier “autoridad” es inversamente proporcional a la marginalidad política a la que se ha confinado al clasismo, es decir, la vara con la cual debe ponderarse el “sindicalismo de liberación” propulsado por Tosco. Esa marginalidad respecto del clasismo la constaté en varias ocasiones cuando veía a “Goyo” Flores, muy deteriorado, solo, perdido en alguna librería donde solía preguntar por la suerte de su libro (“Goyo” escribió un hermoso libro: “Sitrac- Sitram, la lucha contra la burocracia sindical”, ediciones Espartaco, 2004) o cuando un delegado clasista de Perkins me comentó avergonzado que se ganaba unos pesitos como guardia de un decadente local de Sacoa, en pleno centro cordobés…y ni hablar del fallecimiento del “petiso” Páez, que ni la crónica local registró…

  • Explotación y lucha obrera

“Tenían un cagazo ellos, …y también un poco nosotros…”, le comenta al iniciar el documental “Goyo” Flores al “petiso” Páez, referentes ineludibles del clasismo cordobés. Claro, las rupturas liberan pero exigen un paso previo: abandonar lo estable, el piso firme, lo tolerable. Y el miedo junto con la espera son dos armas tremendas que los oprimidos usan contra sí mismos.

Desbancar dirigentes cómplices de la patronal, lanzar una asamblea, tomar la fábrica y tomar también de rehenes a cuadros jerárquicos (que incluso bajo la toma eran alimentados mejor que los obreros; mientras “nos cagabamos de hambre y frío afuera” dice el “Goyo”), manipular tanques de combustible para la defensa frente al Ejército y cosas así, en un contexto dictatorial, hace pensar mucho los tiempos actuales, no para replicar burdamente lo sucedido, sino para repensar que si aquello talló como nunca antes la historia argentina es porque justamente se planteó la posibilidad de la ruptura. Romper la constante burla patronal, esa que ofrecía a los obreros de FIAT un pan de jabón y un rollo de papel higiénico por mes, es comprender que si se explica políticamente la miseria constitutiva del capital se puede también explicar la urgencia de combatirlo y la imperiosa necesidad de organizarse para tal fin. La humanidad no inventó una ideología más potente que el marxismo ni una estrategia más certera que la lucha de clases.

En ese sentido, “Memoria para reincidentes” muestra en imágenes únicas, vivas, como la explotación a la que eran (y son) cotidianamente sometidos los trabajadores genera un odio de clase que, de vencer las mediaciones políticas que los retienen, resulta imbatible. La descripción de las secuelas de la explotación laboral en la fábrica Forja (un testimonio inolvidable), o ya avanzado el documental, la indignación por las pésimas condiciones de seguridad en los astilleros son las condiciones necesarias desde las cuales se levanta la rebelión obrera.

Ahora bien, a esa primera ruptura hay que agregarle una segunda y decisiva acción: la ruptura con el peronismo, el gran fenómeno de contención de masas de la historia argentina contemporánea. Y precisamente por ahí circula el gran debate de nuestra época, y no es casual que allí también se estrellen casi todas las estrategias. Porque, o se adhiere a su ambiguo encanto popular (sembrando expectativas en sus alas progresistas, siempre frustradas cuando emerge el verdadero espectro del General) o se rompe el hechizo por izquierda y se toma el camino que conduce hacia la independencia de clase. “Memoria para reincidentes” es categórica en ese punto: el pasaje de la inolvidable performance de Perón advirtiendo nada menos que un 1ro de mayo que aún no ha “sonado el escarmiento” contra las organizaciones revolucionarias y la juventud -que le coreaban en la cara contra la burocracia sindical peronista- no admite otra lectura que el uso del miedo, esta vez bien desde arriba. A su turno, el refuerzo -también inolvidable- de Balbín pidiendo “limpiar” las fábricas de activistas le baja el telón a cualquier argumento populista. Porque tanto el escarmiento peronista como la sed de limpieza radical apuntaban a desterrar un enemigo común: la insurgencia obrera desde las bases que, mediante asambleas, tomas, ocupaciones, marchas y cuestionamientos al orden existente iban descubriendo que el destino de su emancipación estaba en sus propias manos. Por eso, cuando la burocracia sindical pierde terreno y el General en su retorno pactado se siente “acorralado” emerge su última gran creación: la triple A.

  • Memoria, debate y acción

La discusión dentro de las izquierdas tampoco está saldada en la actualidad respecto de los ‘70: desde el comienzo de “Memorias para reincidentes”, donde se muestran imágenes de Vietnam o el Mayo Francés hasta aquellas que incorporan la presencia de las organizaciones guerrilleras en el Viborazo, resulta inevitable pensar cuan lejos o cerca estaba la izquierda revolucionaria de ese clasismo vital, rodeado de mujeres, de barrios y de estudiantes, tal como ocurrió en las otras experiencias rigurosamente documentadas en “Memorias…”: las luchas de fábrica en la zona norte del gran Buenos Aires (Astarsa, Del Carlo, Lozadur, Matarazzo) bajo el gobierno de Perón; la experiencia de Villa Constitución en Santa Fé (la huelga declarada “complot” por Isabel Perón) en 1974/75; y la huelga general ante el “Rodrigazo” de 1975.

Es cierto que este documental nos coloca frente a otro relato, bien distinto de aquellos que, o saturaron los ’70 con una épica popular ideológicamente difusa, o que desdibujaron las luchas masivas del movimiento obrero diluyéndolo en el accionar de las organizaciones armadas. “Memorias…” se abre paso como relato alternativo (rigurosamente documentado), y como material de discusión estratégica sobre un período crucial: aquel momento de la historia en que la ruptura en varios niveles logró hacer emerger el potencial “subversivo” de los trabajadores… allí quedan los ecos vivos de los clasistas cuando dicen: “nos aíslan…, éramos un mal ejemplo”…

Ver “Memoria para reincidentes” produce muchas sensaciones, algunas de ellas bien claras, como la necesidad imperiosa de contar con material que muestre y reabra el debate sobre las luchas sociales durante los ’70 en las cuales el rol de una izquierda ligada orgánicamente a los trabajadores fue fundamental; pero también otra sensación tiene que ver con el uso ex profeso de la palabra “reincidentes”: alguien que comete el mismo “delito” otras veces: el delito de activar políticamente por la emancipación de los trabajadores como clase.

……….

*(Profesor y Licenciado en Historia. Graduado en la Universidad Nacional del Comahue. Autor del libro “Zanon, una experiencia de lucha obrera”)

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